La secadora ahorra tiempo, pero expone la camisa a un calor inadecuado. El calor desestabiliza las fibras, las costuras se aflojan y la forma se desvía.
Al secarse en plano, el tejido conserva su estructura. Colocar el bañador sobre una toalla, lejos de fuentes de calor directo, preserva la integridad del tejido. Ni radiador, ni sol: sólo aire y un poco de tiempo.
Después de aclararlo con agua limpia, escúrrelo suavemente en una toalla seca sin retorcerlo. Si cuelgas por los tirantes un bañador aún empapado de agua, corres el riesgo de deformar zonas sensibles. Es mejor dejarlo secar lentamente en una habitación bien ventilada.
Un aclarado regular es suficiente para eliminar la mayoría de los restos de sal, cloro y arena. Para evitar olores desagradables, lo mejor es sacar el bañador del bolso mojado lo antes posible. Siempre es útil llevar una toalla o una bolsa seca en el bolso playa.
Cambiar de bañador entre dos días consecutivos de playa o piscina también reduce la frecuencia de lavado. Esto da tiempo al tejido a secarse correctamente y recuperarse. Algunos artículos conservan su elasticidad durante más tiempo cuando no están en uso continuo.
Los detergentes convencionales suelen ser demasiado agresivos y dañan las fibras con el tiempo. Un jabón suave y neutro hace bien su trabajo. Es mejor evitar la lejía, el vinagre o los quitamanchas fuertes, que decoloran y debilitan los tejidos elásticos.
Algunas fórmulas especializadas para tejidos delicados pueden ser adecuadas, siempre que sean lo bastante suaves. El problema no es tanto la frecuencia de los lavados como la intensidad de cada ciclo. Tratar los maillots con el mismo cuidado que la ropa interior técnica alarga su vida sin comprometer la comodidad.
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